Prensa

Las excavaciones de San Francisco-Diputación


04/08/1985


Las excavaciones del solar de San Francisco-Diputación, contra todas las previsiones, han resulta do de extraordinario interés. Sólo el hecho de  que hayan aparecido los vestigios obliga a replantear las hipótesis, incluso afirmaciones, que se habían hecho en relación con la Osca romana.  
La estructura ortogonal con la  forma, disposición y  montaje del aparejo de  grandes  dimensiones, está  señalando una  trama  urbana, que  si se puede exhumar en todo lo que  apunta, probablemente dilucidará  mucho con respecto a la ciudad ro mana. Pero no es sólo una estructura constructiva, el terreno está aportan do  materiales de interés: por el momento  ya han aparecido, entre otros, una  pequeña gargantilla o pulsera de oro, una cabecita antropomorfa y restos  de otra pequeña escultura de mármol  y un pequeño ariete de terracota, algo así como un tinfinnabulum  de bronce, parte de un molino de acción manual, un remate de columna y capitel  muy deformado, abundantes trozos de ánforas para distintos contenidos  y diferentes procedencias, varias pesas de telar, algunas monedas e in gentes cantidades de cerámica de to das las épocas, la mayor parte de difícil datación si se quiere hacer un trabajo  serio y responsable, pero entre las que hay vestigios para datar el terreno siempre que se haga sin fáciles y  engañosas exhibiciones de saber, y con  rigor.
La  importancia que el  yacimiento de San Francisco ofrece para la historia  de la ciudad requiere este rigor, un tratamiento  adecuado y  un cuidado especial,  factores que, desde el primer  momento, resultaron imperativos,  dada la limitación de tiempo disponible, condicionado por el programa  de obras, pero, al mismo tiempo, objetivos  fácilmente alcanzables debido a la disponibilidad de  medios prácticamente ilimitados, por parte de la  Diputación. A partir del  momento en  que se pudo comprobar el carácter excepcional de los vestigios debió hacerse una planificación racional de los trabajos  que incluía el tanteo previo de  lo que podía haber y el establecimiento de un orden de prioridades. Se imponía, por supuesto una actuación metódica y adecuada que evitara las destrucciones  y  marcara el  propio proceso a seguir, y, asimismo, tuviera en  cuenta el posible destino de lo que pudiera  salir y, por lo tanto, facilitara su  rehabilitación. Una  excavación, que siempre se abre  con el aliciente de los hallazgos, no es sólo buscar materiales y mantenerse  en la expectativa de destaca dos  descubrimientos.
Todo terreno, en  su estructura, composición y disposición, aparentemente casual y caprichosa, es portador de una información  que hay que saber leer antes de que  se desvanezca, aspecto que impone  a la investigación arqueológica un  tratamiento peculiar y le confiere una  ambivalencia de transcendente les  repercusiones. Un yacimiento va ofreciendo  información en la medida en  que se desentraña, pero, al mismo tiempo, lo que en parte tiene de inevitable  destrucción, se  convierte  en contradictoria ventaja para el arqueólogo  que sabe que le va a ser muy difícil  al que venga detrás comprobar la veracidad  de sus afirmaciones. Ven taja,  que obviamente, exige unas garantías.  
Este  contradictorio efecto hace de la arqueología algo más seria y delicada que en cualquier otro pro ceso de investigación, y exige un tacto y habilidad especial pues en arqueología se destruyen una parte importante de los documentos que son irrecuperables. Los  restos de San Francisco están  envueltos en un contexto so lar de gran valor documental por su riqueza  informativa, y, dada su importancia,  merecen mucho más y  algo completamente distinto a  una mera datación.Tales restos arquitectónicos  un día fueron parte de una construcción  más completa, y, algún otro día,  dejaron de serlo por desconocidas  circunstancias. Estos restos tuvieron  una determinada función estructural y sirvieron de soporte a unos muros  y cubrimientos.
En el solar de San Francisco, en la parte correspondiente a lo que fue bar Flor, ya es difícil saber qué tipo de materiales completaron  las  estructuras, qué suelos sirvieron de piso, cómo estuvieron cubiertos, por qué razón fueron abandonados  y  en qué forma quedaron de gradados.  Formular conjeturas y montar teorías a base de la recomposición de los niveles y de los materia les sucesivamente encontrados al levantar  mecánicamente las capas, es hacer de las excavaciones una arqueología  bastante pobre, y, afortunadamente, cada vez más discutida. Hay excavaciones en las que, dada su  importancia, y la de San Francisco lo es, es imprescindible hacer cortes previos necesarios para no perder la información antes apuntada y saber cuál  es el procedimiento y forma de continuar. Más que en muchos otros terrenos, en éste está apareciendo una  variedad enorme decoloraciones en las que se comprueban indicios de materiales orgánicos descompuestos.  
Aquí, y en cualquier otro yacimiento, los rellenos no pueden menospreciarse  por el  hecho de serlo, cuando  el lugar donde aparecen, la forma  de haberse sedimentado, sus componentes  y cómo están mezcla dos  son toda una crónica en clave que hay  que saber leer.
La selección de materiales siempre debe ser vigilada de  una forma minuciosa y continuada. Incomprensiblemente las  épocas remotas, y, particularmente la roma na  suscita un interés mítico que lleva al  menosprecio y  destrucción irresponsable de otros momentos históricos posteriores, siendo la desvalorización  mayor cuando el yacimiento es de época más cercana a la nuestra.  
Así es como en nuestro país no se ha descubierto todavía la importancia de  la mal llamada arqueología industrial. Destruir o prestar poca atención a  un yacimiento del siglo XVIII o medieval por el afán de llegar a épocas más  remotas responde a  malformaciones, y causa los mismos estragos que  en historia del arte el destruir las creaciones barrocas para recuperar las  medievales, o en documentación histórica eliminar los papeles que no sean relatos de fabulosas crónicas. No sólo tienen interés las tegulas romanas, en San Francisco están saliendo ladrillos de todas  las  épocas, fragmentos de tejas de las épocas en que fueron fabricadas y trozos cerámicos de cañería que no lo son de tejas.
Aquí,  como en todas partes, la presencia de guijarros y cantos rodados también  está  diciendo algo cuando son insólitos en el lugar. Una excavación,  en definitiva, es  mucho más y algo  bastante diferente a la  realización de ejercicios escolares de altimetría  y tomar nota de los niveles a que salen los materiales, error que induce a  muchos arqueólogos, a hurgar indiscriminadamente y por igual hasta en contra las  capas vírgenes, destruyendo, como en el caso de San Fran cisco,  los  suelos de  un  hábitat, en este  caso bien definido, y, que, lógica mente  se puede pensar que los tuvo, y,  por lo tanto, privando de futuro adecuado a la excavación, al no prever la facilidad  de interpretación a los visitantes de un posible museo.
La Diputación Provincial ha puesto  al servicio de este yacimiento unos medios inusitados, mecánicos y de  personal, en el panorama arqueo lógico  español, que facilitaban enormemente la labor y  el rendimiento, a pesar  de la premura de tiempo.
Alrededor de mil bolsas de trozos de cerámica corren el riesgo de tantas bolsas de  cerámica, procedentes de yacimientos, almacenadas en  los  museos. Lamentablemente muchas de las llamadas «memorias científicas de  excavación» no pasan de ser un recuento de asas, pitorros, bordes y fondos  que aparecieron, a veces no se  sabe exactamente dónde, y esto, después de seleccionar los trozos llamados «significativos», sobre los que se pretende reconstruir la disposición del  yacimiento y darle una datación. No se comprende cómo en una excavación de la importancia de la de San Francisco y con tal disponibilidad de medios no se ha estudiado simultáneamente esa cerámica y se han hecho a tiempo, no cuando el suelo está vaciado hasta los entresijos, los estudios estratigráficos para orientar razonablemente los trabajos y hacer rendir los medios. No se puede hablar de simples opciones metodológicas y discusiones  académicas cuando se corre  el riesgo de destruir la información y errar el procedimiento.
El estudio  permanente y  a  atención continuada eran imprescindibles para planificar  de forma racional y coherente un  yacimiento importante para la ciudad  que arriesga el no poder ser ex cavado  en su totalidad y  verse destruido en buena parte. Sólo con meto do  y dedicación se evitan en arqueología  los errores y el tener que recurrir al sucedáneo de la fantasía que ya ha llevado a hacer afirmaciones tan insólitas  como la del  <puente romano' que  se quiso ver en lo que  no eran más  que refuerzos de la iglesia del siglo  XVIII. Son  importantes para la ciudad los restos  romanos aparecidos en  San Francisco.
Afortunadamente así fue captado por la Diputación que no sólo vio  el error que supondría el menos precio  que  causaría a  la ciudad  la destrucción  y  eliminación de  estos restos,  así como el lamentable precedente  y  aprobación,  de facto  de los estragos cometidos con anterioridad, sino  que  ha  encontrado ya  formas para  su adecuada rehabilitación, que los  salve de quedar ocultos en un sótano  inútil  y  desordenado.
Lástima que  la disponibilidad de medios, digna  de todo elogio, no lleve consigo el ofrecimiento a la ciudad de unos res tos  construidos, no ajenos a su pasado  sertoriano y de ciudad vencedora, que  sean algo más que unas piedras descontextualizadas al haber sido to talmente  suspendidas sobre  unos apoyos  de tierra, y  se haya aprovechado  la  oportunidad para desvelar toda  la crónica que ellas y su contexto portaban. Vemos con buenos ojos la descentralización de la protección del patrimonio  cultural que requiere una mayor  y delicada atención, y por lo tanto, de  la arqueología, pero siempre que los  programas transferidos sean más coherentes y se ejecuten sin mediatizaciones a otros intereses ajenos a la protección del patrimonio. Ya  hace tiempo  que propugnamos la necesidad de que en Huesca sea vigilado arqueológicamente su subsuelo y des velado correctamente su  mensaje histórico. Nos alegramos por las buenas intenciones, pero todavía queda en  la ciudad bastante para alcanzar un  nivel de rigor y  altura científica y conseguir clarificación en los objetivos  y programas. Sector del yacimiento de San Francisco con restos de diversas épocas.  Orientación  cristiana  para  el domingo de la ciencia y de la técnica y, a la vez, monstruosidades. 

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