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Mompradé transmite sus recuerdos y emociones en la exposición ‘Violeta profundo’. El Bar Flor de Huesca acoge la obra del artista


24/06/2004


 Este color es el denominador común de los ocho cuadros que se han colgado y en los que predomina el estilo impresionista, aunque se mezclan diversas técnicas. 
El autor entiende que el violeta puede ser identificado por la gente como un color frío o asociado a la noche y a cuestiones tristes, pero Gustavo Vázquez Mompradé aporta otro punto de vista, recurre a esta gama para transmitir emociones, evocar imágenes que recoge en su mente o compartir recuerdos que ha vivido y que cree que pueden ser comunes a muchos hombres y mujeres. Vázquez Mompradé siente una necesidad casi natural de explicar su trabajo para que pueda ser entendido, independientemente de que, después, cada uno se haga su propia interpretación. 
“Para mucha gente es difícil comprender una obra, no por su capacidad intelectual, sino porque no se le ha enseñado a mirar un cuadro. Me gusta dejar claro de dónde viene lo que he hecho y por qué”, indica. 
El artista se refiere, por ejemplo, a una de las obras expuestas en el Flor, “La mujer entristecida”, donde intentó reflejar el estado de ánimo de una amiga suya y lo que le hacía sentir a él. “Hay gente a la que le gusta mucho ese cuadro, pero por motivos bastante diferentes al motivo de su origen. Cuando les explicas la historia, se les abre un punto de vista nuevo y eso es enriquecedor”, estima. 
Otro de los cuadros expuestos reproduce la cabeza de un caballo, una seudoabstracción de la imagen que tiene el autor de este animal en movimiento, y que algunos confunden con un pájaro. “En el mundo de la pintura hace falta un poco más de humildad para explicar, no todos somos ‘Picassos’”, insiste.
La obra expuesta en el bar Flor forma parte de una serie que fue exhibida con anterioridad en el Bar Rugaca.

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