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La DPH vista por sus presidentes. Desde 1979, la corporación provincial oscense ha experimentado una sobresaliente evolución. Ha pasado de la benefi cencia heredada del franquismo a ser un apoyo de los municipios


04/04/2004



La DPH tenía entonces su sede en unos bajos de la avenida de Juan XXIII que habían sido cedidos por la Caja Rural, aunque su superficie era tan limitada que los plenos debían de celebrarse en el edificio de los porches de Galicia, que -cono se ha dicho- estaba en estado de ruina. 
“Pasé allí -explica Biarge- muy malos ratos, porque había sido advertido del riesgo de hundimiento, y cuando oías unos ruidos por arriba, de tejas que caían, en varias ocasiones, estando en un pleno, nos pusimos de pie, aunque no llegamos a salir corriendo”.
Se buscó una solución provisional y se optó por comprar en 1981 la antigua clínica de Bragado, chalé de la calle del Parque donde actualmente tiene su sede el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Pero los problemas de espacio ontinuaban y -ya con Carlos García en la presidencia de la institución (mandato 1983-1987)- se optó por construir el actual palacio provincial, si bien en el último año de Aurelio Biarge al frente de la DPH “dejamos adelantados los proyectos de derribo del viejo palacio y se había procedido a sacar el bar Flor, lo que no fue fácil”.
Recuerda Carlos García que el nuevo edificio se construyó sin sobresaltos, y destaca que el mural pintado por Antonio Saura en el techo del salón en el que están los accesos al salón de actos de la DPH “sólo costó 14 millones de pesetas, que es un regalo”. Con la nueva sede construida, afirma el actual presidente de la comunidad autónoma, Marcelino Iglesias, que presidió la corporación provincial oscense entre los años 1987 y 1995, la Diputación de Huesca “estuvo más conectada con la ciudad; la Diputación ha jugado un papel extraordinario en la provincia y en la ciudad a partir de la construcción del nuevo edificio”.

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