Prensa

Carismáticos personajes oscenses


10/08/2008



(...) El “Gremio” de los limpiabotas; los “Limpias”, que es como cariñosamente se les llamaba, era muy reducido en Huesca; pues incluso en su mejor época apenas sí pasarían de ocho a diez. La mayoría de ellos trabajaban en la calle; más concretamente en los Porches de Galicia de nuestra ciudad, aunque cada uno de ellos, tenía su zona delimitada. 
Por ejemplo: Lorenzo Bautista Giménez, gitano de pro, pero que sin renunciar a sus raíces gitanas, se sentía más payo que gitano, por las muchas amistades payas que tenía, se situaba en la puerta del Bar Rugaca, casi frente al Kiosco de Valero. Lorenzo, además de limpiar zapatos, se dedicaba a la venta de lotería nacional con recargo.
Entre el Bar Puerto Rico y la Librería de Santiago, estaba Antonio Giménez (Blanca Nieves), del que ya he hablado en otra ocasión, como carismático personaje oscense que fue. “Piter”, como también se le conocía, era asimismo, vendedor ambulante de lotería nacional con recargo, y portaba, al igual que Lorenzo Bautista, una placa en la solapa de su chaqueta que le acreditaba como tal.
Un poco más abajo y también en los Porches de Galicia, frente al Café Bar el Universal, ejercía de limpiabotas el famoso “Peteneras”. Otro de los “Limpias”, Jalle, pequeño, moreno y vivaracho él, desempeñaba su oficio junto al Bar Flor. El Santicos no tenía puesto fijo; iba deambulando de un lado para otro ofreciendo sus servicios y cargando con aquel diminuto banquillo y aquella arqueta con doble tapa y dos compartimentos donde llevaba los utensilios de trabajo: Los cepillos, la tinta, el betún, el paño abrillantador semejante semejante a una fina tira de tela, y aquellos naipes que ponían en el lateral del zapato, entre éste y el pie, con objeto de proteger y no manchar los calcetines del cliente.
Adolfo, un artista con la armónica, hacía de limpiabotas en el Bar Oscense, pero sólo los domingos y días de fiesta, que es cuando se lo permitía su oficio de zapatero. También había en Huesca dos locales de limpiabotas; uno de ellos junto al Bar Gratal, cuyo dueño era excelente y gran jugador de fútbol de la Unión Deportiva Huesca, en la década de los años cincuenta del siglo pasado, Teodoro Hernández (“El Gitano”), natural de Puertollano. El otro local estaba en la Plaza de Concepción Arenal, y cuyo propietario era el señor Usieto. En el mismo había dos grandes sillones de madera, con unas gruesas y anchas tiras de cuero a modo de asientos y que los hacían muy cómodos y confortables.
El señor Usieto, durante el tiempo que transcurría en la limpieza de nuestros zapatos, que venía a ser de entre diez o doce minutos más o menos, nos ofrecía la prensa o alguna revista para nuestro entretenimiento, a la vez que él hacía su trabajo. Recuerdo la amabilidad, el trato y la educación de que hacía gala el mismo, para con todos sus clientes. El señor Usieto, y aunque esto sea salirme del tema que nos ocupa, además de hacer de “Limpia”, vendía libritos de chistes y cuentos baturros; también TBOS, de “Flechas y Pelayos”, de “Juan Centella”; “El Guerrero del Antifaz” y “Roberto Alcázar y Pedrín”, y que todos ellos eran los héroes literarios de los adolescentes de aquella época de la Posguerra. Más tarde surgirían otros carismáticos personajes del cómic, con aquellas graciosas y divertidas viñetas de “Josechu el Vasco”; “Doña Urraca”; “Carpanta”; “La Familia Ulises” y “Mortadelo y Filemón”; pero esto es ya otra historia, merecedora de comentar en otro momento oportuno.
Los “Limpias”, hace ya varios años que desaparecieron de las calles de nuestra ciudad, y algunos los echarán de menos; y es que no tuvieron continuadores, cosa lógica, por ser el oficio de limpiabotas muy ingrato, poco rentable, nada apetecible e incluso marginado y sobre el que se cernía un futuro y un porvenir muy negro, incierto y poco halagüeño. Hoy en día, disponemos en nuestras casas de unos procedimientos y útiles muy cómodos, fáciles y muy baratos para limpiarnos los zapatos. Pero en cuanto a esto último, lo de barato, diré que los “Limpias” nos ofrecían sus servicios por un precio muy módico y asequible, y nos dejaban los zapatos brillantes como un espejo. Además, la piel de los mismos adquiría un mayor grado de duración y conservación, por el trato que le daban los “Limpias”. Yo creo que si en Huesca hubiera algún limpiabotas, no le faltaría trabajo. En Zaragoza y en el famoso “Tubo”, hasta hace poco, hoy no lo sé, todavía existían limpiabotas.

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