Prensa

Exposición de pinturas de Alberto Abarca en el bar Flor de Huesca


05/06/1996



Entre sus muchas facetas, que tienen que ver con el deporte, la investigación, la ecología y la literatura, el oscense Alberto Abarca Fillat nos muestra ahora en el Bar Flor otra nueva, la pintura, hasta ahora desconocida para nosotros. 
Un conjunto de acuarelas en las que descubre su vocación por la naturaleza. Árboles, pájaros, hojas, peces... son los motivos que sobre su propio espacio ele mental, con sencillez de medios calculada, dan testimonio de una racionalidad compleja y medida que se expresa mediante la utilización de las formas escuetas y una gama adecuada de colores sobrios.
Las siluetas esquemáticas, casi hieráticas; la pincelada, precisa y concreta, delicada y respetuosa. Ante la contemplación de estos trabajos asaltan diversas sensaciones. Una, el recuerdo delo primigenio, el más elemental —que no el más sencillo— en el que intenta proyectarse el hombre sobre el universo y su captación mediante una apropiación bajo la forma de una imagen conocida.
Una imagen que debe reflejar las innumerables sensaciones visuales mediante la reducción a una forma que las engloba a todas y la significa mediante un proceso mental de síntesis,
Otra sensación podría ser la del goce estético, de lo bello yio relajante, de lo que gusta y se disfruta, nacido de esa simplicidad que aludía al principio, pero pasada por el tamiz cultural. Sin duda, la inspiración fundamental se halla casi única y exclusivamente en la Naturaleza, en su calidad englobante, relajante y no hostil, en las formas sugerentes e inspiradoras.
La sencillez del lenguaje utilizado no exime la presencia melódica de los signos, de una “caligrafía” gratificante, sugerente y lúcida, sensible y amable, que nos recuerda a la oriental.
Estamos ante un mundo sin palabras, de sensaciones, que se acerca a la pureza, al silencio, a la soledad deseada, sin adjetivos; en el que se confunde y funde con la naturaleza todo aquello que es su propio ser, su razón. Alberto Abarca es limpio, pulcro e impecable en su pintura, y, por ello, el resultado es extraordinariamente agradable y entrañable.
Es un placer el pasar por el Bar Flor de Huesca y poder recrearse ante la obra plástica de Alberto Abarca, un hombre inquieto, lleno de ingenio y fantasía. Sin duda, ha conseguido, ahora con sus pinturas, acercarnos una vez más a la Naturaleza.


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