Prensa

El Restaurant Bar Flor se inauguró ayer bajo los mejores auspicios


21/11/1930


¡Esta vez, el tópico viene a la medida! Diremos que el hermoso salón abrió sus puertas, iniciando con sus primeras letras de oro la temporada de fiestas aristocráticas.
Diremos también que éste, resplandeciente de luz, resultaba insuficiente para contener tan numerosa y selecta concurrencia, y así sucesivamente.
El aspecto del salón era fantástico. Esos trajes de noche, largos, prestan a las siluetas femeninas el aspecto de lirios boca abajo; lirios blancos y lirios rojos. Y las pecheras almidonadas son una nota luminosa.
La pechera aislada luce en la noche; es una guitarra de luz que brilla como una luciérnaga en el campo o una estrella en el cielo. Y cuando termina en un cuello de pajarita -esa tira que parece doblada por un chico travieso- la rigidez que adquiere la columna vertebral, infunde a la pechera una impertinencia insultante.
Una pechera es un grito en la noche; una pechera, y luego otra y otra y otra más... son un estrépito, una baraúnda insoportable de luminosidad.
Y toda esta luz realzaba la belleza de las damas -y aquí otra vez el lugar común, remozado por la moda- como flores, como lirios en el paisaje evocador del salón Bar Flor.
La inauguración del Restaurant tuvo lugar con una cena a la americana, amenizada con eran acierto por una brillante orquestina.
La cena, estupendamente servida...

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