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Actos en conmemoración de la proclamación de la II República. Organizados por el Círculo Republicano “Manuel Abad”


15/04/2007


El Círculo Republicano de Huesca "Manuel Abad" celebró ayer el 76 aniversario de  la proclamación de la II República. Así, a las 12 horas, en el cementerio municipal de Huesca  se realizó un homenaje a los  capitanes Galán y García. Por la tarde, en el salón de actos  de la Diputación Provincial de  Huesca, tuvo lugar el homenaje a Santiago Robert, teniente  del Ejército Popular. El escritor  e historiador Severino Pallaruelo fue el conductor del acto y, en  el mismo, también recibió una  placa Emilio Gastón, abogado y primer Justicia de Aragón de la  democracia.
Santiago Robert, de 91 años  de edad, se mostró "abrumado" por este reconocimiento.  Con una lucidez sorprendente,  realizó un somero repaso por la  etapa de su juventud, de la que  le marcaron "las palizas, las persecuciones y la estancia en campos de concentración", explicó.
Por la noche, cerca de un centenar de socios y simpatizantes  se dieron cita en el restaurante Flor para realizar una cena popular.

UN HOMBRE  COMPROMETIDO
Santiago Robert Bibián nació en Santa Eulalia del Campo  (Teruel) en 1916, hijo de un mecánico especializado en maquinaria industrial que tuvo diversos  destinos por el norte de España,  en las primeras décadas del XX. El  último le llevó a Monzón, donde  Santiago se hizo su grupo de amigos -bautizado con el nombre de  "Mickey"- y empezó su despertar  a la vida.
Justo cuando iba a quintarse  en Huesca le sorprendió el fatídico golpe del 18 de julio. La revuelta militar y las primeras batallas  en el Frente de Aragón, le llevaron a enrolarse en un camión  ambulancia que marchó para Siétamo, donde recibió su bautismo  de fuego.
Pasó a formar parte de la División "Carlos Marx", que él suponía de tendencia socialista, pero  cuando lo mandaron a Barcelona  por los sucesos de mayo de 1937,  decidió cambiar de mando para  no tener que luchar nunca contra  otros antifascistas. Fue herido de  gravedad en la ofensiva sobre Zaragoza en agosto del 37. Más tarde, en transmisiones, participaría en la Batalla del Ebro.
Alcanzó el grado de teniente del Ejército Popular, algo que  ha tenido siempre como orgullo;  más tarde pasaría por el Campo  de Concentración de Deusto y por  el Servicio de Recuperación de  Bilbao, casi sus mejores años de  posguerra, pues, cuando le dejaron marchar a Zaragoza, tutelado  por la Brigada Político Social, padecería los tiempos del hambre,  chinches y demás calamidades  que fue paliando con sus enormes ganas de trabajar, su optimismo y el afecto por los demás que  aún marca su paso por la vida.
Volvió a Monzón, donde rehizo su vida y levantó una familia a  la que sigue entregado. Su amor  por el prójimo le llevó a hacerse  donante de sangre y a ocupar varios cargos en esta organización,  algo que recuerda con orgullo.
Las cosas que le fueron sucediendo las iba escribiendo en  unos cuadernos. Hoy son ya unas  memorias magníficas que muy  pronto verán la luz publicadas  por la Editorial PRAMES. Sus páginas cuentan la guerra sin tintes  políticos, sin revanchismo, sólo  como un soldado que quiso defender la Libertad y un gobierno  legalmente constituido.






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